La narrativa duele más que la memoria

A veces la herida no está en lo que pasó, sino en lo que seguimos repitiendo por dentro.

La historia más importante no es la que te cuentan ni la que tú cuentas a los demás; es la que te dices a ti mismo.

A veces esa historia se queda atrapada en la garganta como una espina que no te deja respirar. Una verdad que inhalas y exhalas sin terminar de sentirla.

Las palabras que nos repetimos una y otra vez pueden hacerse eco dentro de nosotros, hasta convertirse en algo más fuerte que el recuerdo mismo. Y es tal la insistencia, que incluso podemos olvidar lo que realmente pasó. Lo que queda es solo una costra sobre la herida, un intento silencioso de la mente por protegernos de lo que aún duele.

Pero toda costra también dice algo: que has sobrevivido, que sigues aquí, que todavía puedes reescribir lo que te cuentas.

A veces no duele lo que pasó,
sino lo que todavía te dices.
Porque la narrativa hiere más que la memoria.

No todas las heridas sangran.
Algunas arden en silencio,
esperando a que las mires sin miedo.

La mente intenta protegerte,
pero a veces también te encierra.
Aprender a abrir la puerta es parte del camino.

Lo que te dices importa. Puede hundirte o puede liberarte. Y cada día es una oportunidad para reedcribir tu historia, una más verdadera… y más tuya.

Frevisa

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