—cuando el dolor escribe poesía
Por Luis Hernando Reinoso


“Esbozos sobre la vida y la muerte»
—cuando el dolor escribe poesía
Por Luis Hernando Reinoso
hoy no escribo yo.
Hoy cedo mi espacio a una voz quebrada, hermosa, valiente —la de mi cuñado, Luis Hernando Reinoso, poeta, padre, alma desgarrada por la partida de su joven hija.
Este texto no pide aplausos.
Pide testigos.
Pide que alguien, en algún lugar, lea estas palabras y diga: “Te vi. Te escuché. Tu dolor no está solo.”
No lo endulces. No lo expliques.
Léelo. Siéntelo. Compártelo.
Porque a veces, el único consuelo posible… es saber que otro sostiene contigo el peso del silencio.
La muerte: Imposibilidad de volver a ver al ser amado, de escuchar su voz, de deleitarnos con su sonrisa, con su mirada, con su dulzura. La muerte, cesación, oscuridad, silencio, soledad, dolor y ausencia, vacío, abismo.
Cuando el ser amado desaparece solo queda la inseguridad, la incertidumbre, y un sentimiento de orfandad incesante, desgarrador, huellas de infinito dolor. Nada nos consuela. Las palabras son vacías. ¿Qué certeza tenemos de que volveremos a encontrarnos?
¡Quizás solo la fe restaura nuestro espíritu! Pero el sentimiento de orfandad lo domina todo. Todo es impotencia, desolación, incertidumbre.
El tiempo parece prolongarse infinitamente, como si un mes, dos meses, tres meses, cuatro meses, cinco meses fueran una eternidad. Perdemos el rumbo, no encontramos el camino, la soledad golpea la piel, el dolor azota el alma y la vida se hace más frágil, ¿Cómo pudo la muerte sepultar todo lo que era primavera? ¿Existe un resquicio de la muerte donde pueda florecer la vida? ¡Como reinventar el tiempo¡
Las palabras cuando eran un torrente de confesiones amorosas, cuando era posible contarse los mas bellos secretos, cuando las horas no median la intensidad del amor, y todo lo era limpidez, claridad, certeza, y era posible contarse las confidencias mas personales, cuando el tiempo no se media por horas, sino que era intenso, vivaz, claro, cristalino. ¿Cómo recuperar lo perdido? ¿Cómo gritarle a la muerte que no nos ha vencido? Y que podemos borrar su mirada letal.
Los recuerdos, son luz, son armonía, son plenitud, porque todos tenían el color de la belleza, era posible reír, soñar, abrir horizontes de esperanzas, porque no había pesimismo, ni desolación, ni dolor ni desamparo. ¿Como hacer para que ese pasado vuelva? ¿Como recobrar la alegría de esos tiempos?
La vida: Plenitud, alborada, música sublime, búsqueda que no cesa, sendero amplio. Oasis que prodiga rosas de todos los colores, fragancia exquisita que se extasía los sentidos, como soplo divino, que se eleva buscando la perfección.
Silenciosa mirada de Dios, que todo lo puede y lo reinventa, fuerza que impulsa a buscar el infinito, ¿Cómo definir ese gesto de intensidad que todo lo domina?
La vida, un aluvión de respuestas, para un cumulo de preguntas. La vida tiene la profundidad de un sueño que descansa en la esperanza. ¿Cómo atrapar todos sus matices, jugar con todos ellos? La vida, enigma, pero también respuesta a todos los interrogantes. La vida, sutileza de un sol que solo calienta en primavera. La vida, un jardín que nos recuerda la infancia y sus colores.
El agua cantando entre los bosques y la luz, ¿Cómo repetir ese verde y su fragancia? Como un rio de tonalidades voluptuosas, la vida transcurre y no se detiene. La vida se escapa lentamente, como el sonido de unas alas. Perseguimos la vida con afán y a veces solo alcanzamos su espejismo. La vida, una mirada, un movimiento, una sonrisa, un sueño y es posible la belleza.
La vida es silenciosa a veces, bulliciosa otras, siempre será la posibilidad de existir plenamente. Cuando recorremos la vida en todas sus dimensiones, tenemos la certeza de que el dolor y la alegría viven en comunión perfecta. La vida se viste con los tonos del arco iris y es una fiesta perpetua saturada de armonías.
Autor: Luis Hernando Reinoso
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No por viralidad.
Por humanidad.
Porque el dolor compartido… pesa menos.
Y porque Luis —y su hija— merecen ser leídos, honrados, recordados.
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