Lo No Dicho
La voz que callamos, la voz que somos

Lo No Dicho
La voz que callamos, la voz que somos
Puedo imaginar que muchas veces te habrá pasado, como a mí, que querías decir algo, pero por algún motivo decidiste no hacerlo. ¿A que sí?
En el mismo orden de ideas, también habrá tantas cosas que querías hacer y, al final, no hiciste.
El nudo en la garganta
Empecé a escribir esto pensando en lo que tantas veces guardamos entre pecho y espalda, o más bien en lo que muchas veces se queda atorado en la garganta: no como un grito que se ahoga, sino como una pesada ancla que nos hace girar en círculos alrededor de una tormenta de emociones.
¿Cuántas veces, tal vez desde niño, quisiste decir tantas cosas y, por presión social, temor o falta de valor, se quedaron ahí? Poco a poco se acumularon con otras, y otras, y otras… y al final, todo fue un nudo. Y nunca el mundo conoció tu voz verdadera.
O sea: no se te conoció. Nadie conoció al tú verdadero.
Esa voz quedó en el anonimato… y tal vez aún resuena un eco lejano, que quizá es apenas una borrosa sombra de lo que fue.
La voz que nos conecta
Estaba pensando un poco en lo que significa tu voz: esa onda sonora que transmite una parte íntima de ti —emociones, pensamientos—, esa facultad tan maravillosa de poder expresarte con palabras y comunicarte.
La voz es como una red inalámbrica que lleva nuestra intimidad a otras personas… o lo que queremos, o pretendemos, que llegue.
Curiosamente, en nuestro cerebro aún resuena el tono, el timbre y la calidez de las voces de aquellos que nos amaron… y también la estridencia y lo rechinante de aquellos que nos hicieron daño o nos menoscabaron.
La voz interior
Por otra parte, está esa voz que resuena dentro de nosotros mismos y que llamamos conciencia… o la voz de tantos pensamientos que van y vienen, y que muchas veces se contradicen.
¿A qué viene tanta cosa, sacada de no sé dónde? Ja, ja, ja.
Solo quería escribir sobre no decir cosas… y terminé diciendo de todo un poco.
Al final, solo queda la identidad
Lo que percibo detrás de todo este razonamiento es algo muy importante: la identidad.
Lo que somos. Quiénes somos.
Y esto es mucho más grande aún.
Pero el cansancio —y mi deber de madrugar mañana— me hace terminar esta nota.
Sin embargo, sí quiero subrayar la importancia de que seas lo que en verdad eres, y que tu voz sea un reflejo de la verdadera belleza de tu ser.
Para que, con Unamuno, podamos “pensar en voz alta”.
¿Qué se te quedó en la garganta?
¿A quién le debes una frase que nunca salió?
No necesitas decirla aquí.
Solo reconócela.
Porque lo no dicho… también forma parte de quién eres.
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