La danza de las hojas

A veces basta una tarde, una brisa y unas hojas cayendo para recordar que la vida siempre está diciendo algo.

Quizá solo hacía falta detenerse.

—Frevisa


La brisa de la tarde mecía la hierba constantemente; a pesar de tanto movimiento, todo parecía quieto, como si el frío hubiese congelado el tiempo. La lluvia de hojas no se hizo esperar, salpicando el suelo de colores desteñidos. Sentado en un rincón, al abrigo de un café, saboreaba la tarde que tranquilamente se deslizaba hasta languidecer.

Algunas hojas se aferraban ante la insistencia del viento; otras se desmadejaban inertes y caían desvanecidas ante lo inevitable. El viento parecía jugar con ellas, asignándoles distintos lugares sobre la tierra. Un hecho insignificante de la vida, se podría pensar… más no lo fue para mí. Allí estaba el súmmum de la existencia: vida y muerte danzando al azar en bucles sin fin. Solo pude ser testigo impasible y admirar su belleza.

¡Hoja que te meces y te sueltas!
Te desvaneces simplemente y aceptas tu destino;
solo así puedes ser… y dar vida.

Hoja que te aferras: tarde o temprano caerás.
Tu hora no ha llegado; vive y disfruta tu fugaz momento,
y engalana la vida con frescura y color.

Árbol, viento y flor:
solo instantes que preñaron el espacio de belleza;
notas de un acorde misterioso
donde tú y yo hacemos la canción:
ese canto que bulle en nuestras almas
y algunos llaman corazón.

Allí,
donde se unen la esperanza, la tristeza,
la vida…
y el amor.

Frevisa


Algunas tardes… simplemente regresan.

Frevisa

Posted in , , ,

Deja un comentario