Amanecieron hermosas estas matas, papi
—me dijo mi hijo mientras compartíamos un café en el antejardín.
Asentí.
—Sí… ayer no estaban así. Parece que esperaran la noche, cuando nadie las ve, para crecer.
—Seguro de noche hay más humedad y la aprovechan —replicó.
Un diálogo sencillo.
Casi trivial.
Pero curiosamente, y a propósito del libro, yo venía un poco inquieto. Porque los resultados no siempre son como uno espera. Hay muchas felicitaciones y entusiasmo, pero cuando llega el momento de apoyar realmente, la cosa cambia.
Y no es el afán de vender por vender lo que ronda mi cabeza. Es el mensaje, su recepción y la esperanza de que estas letras puedan acompañar a alguien en algún momento de su vida.
Porque este libro es apenas un primer paso dentro de un camino mucho más grande: llegar a muchas personas, tenderles una mano, compartir esperanza y dialogar a través de unas palabras.
Entonces aquella conversación tan simple me dejó pensando.
Tal vez muchas cosas importantes crecen así.
En silencio.
Cuando nadie las ve.
Como esas plantas.
¿Te ha pasado algo parecido alguna vez?
Quizá también nosotros necesitamos ciertas noches: silencios, dudas, fracasos o temores que, aunque parezcan oscuros, terminan ayudándonos a crecer por dentro.
Pero eso tampoco significa quedarnos inmóviles. Hay que seguir caminando, aprendiendo, intentando hacerlo mejor y confiando en el proceso, incluso cuando no vemos resultados inmediatos.
Tal vez esta nota no sea más que eso:
un pequeño café compartido alrededor de unas plantas, unas dudas… y un libro que apenas comienza a caminar.
Gracias por detenerte a leer.
Y que tu corazón siga encontrando su propia melodía, aun en medio de la noche.

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